En verano vemos cómo las playas se llenan de gente, no sólo tomando el sol o bañándose, sino también caminando y realizando deporte, ya sea por la arena blanda o por la orilla.
Vamos a analizar los beneficios e inconvenientes que presenta caminar descalzo por la orilla y la arena de la playa, y te damos algunos consejos y recomendaciones de esta práctica tan habitual.
Caminar descalzo por la playa es una de esas recomendaciones que escuchamos cada verano. Suele ser una de las preguntas más habituales a los profesionales sanitarios: «¿Es bueno caminar descalzo sobre la arena o puede acabar provocando una lesión?» La respuesta no es un sí o un no, porque depende de la persona, del tiempo que camine y del estado de sus pies.
Lo curioso es que la mayoría de esas personas estaban convencidas de que caminar descalzo sobre la arena solo podía ser beneficioso. Al fin y al cabo, es algo natural, ¿no? Pues a veces si, otras veces no.
Caminar descalzo puede aportar beneficios muy interesantes para el pie, el tobillo e incluso para el equilibrio. Pero también puede convertirse en el desencadenante de una fascitis plantar, una sobrecarga del tendón de Aquiles o molestias en los gemelos si no se hace con sentido común.
Los fisioterapeutas especialmente durante los meses de verano, vemos una situación que se repite constantemente: personas que pasan todo el año utilizando zapatillas con buena amortiguación y que, de repente, durante las vacaciones caminan una o dos horas diarias por la arena. El problema no suele ser la playa. El problema suele ser el cambio tan brusco al que sometemos al cuerpo.
¿Es bueno caminar descalzo por la playa?
La respuesta corta es que sí puede ser una buena idea, pero depende mucho de la persona.
Nuestro pie está formado por 26 huesos, más de 30 articulaciones y un complejo sistema de músculos, tendones y ligamentos diseñado para adaptarse al terreno sobre el que caminamos.
Cuando utilizamos un calzado cómodo y estable durante todo el año, parte de ese trabajo lo realiza la propia zapatilla.Sin embargo, al caminar descalzos ocurre justo lo contrario.El pie tiene que estabilizarse por sí mismo.La musculatura trabaja más.El tobillo realiza pequeños ajustes continuamente.
Y todo el miembro inferior participa para mantener el equilibrio.Desde el punto de vista biomecánico, eso puede ser positivo.Pero también supone una carga mucho mayor para tejidos que, en muchas personas, llevan meses o incluso años sin enfrentarse a ese tipo de esfuerzo.
Por eso no existe una respuesta universal.
Lo que para una persona puede ser un excelente estímulo, para otra puede convertirse en el inicio de una lesión. La arena húmeda y la arena seca no se comportan igual Este es uno de los aspectos que más nos gusta explicar a los pacientes porque pocas personas lo conocen.
No es lo mismo caminar por la arena húmeda, cerca del agua, que hacerlo por la arena seca.
La arena húmeda ofrece una superficie relativamente estable. El pie apenas se hunde y la forma de caminar es bastante parecida a la que utilizamos sobre un suelo firme.
En cambio, la arena seca obliga a realizar un esfuerzo mucho mayor. Cada paso requiere estabilizar el tobillo, controlar el equilibrio y generar más fuerza para impulsarse.
Eso explica por qué muchas personas terminan notando sobrecargas en los gemelos después de caminar un buen rato por la playa.
Y si además existe una tendinopatía del Aquiles o una fascitis plantar previa, esa carga adicional puede hacer que aparezcan molestias.
Hay algo que se repite prácticamente cada verano.
Pacientes que llegan diciendo:
«No he hecho nada raro. Solo caminar por la playa.»
Cuando profundizamos un poco más, descubrimos que durante el resto del año apenas caminan unos minutos descalzos dentro de casa.
Sin embargo, durante las vacaciones pasan varios días caminando entre una y dos horas diarias por la arena.
Es exactamente igual que si una persona sedentaria decidiera salir a correr diez kilómetros el primer día. El problema no es correr. El problema es la falta de adaptación. Con la playa ocurre exactamente lo mismo.
¿Cuánto tiempo merece la pena caminar descalzo por la playa?
Depende del estado físico, de la edad, de las lesiones previas y de la capacidad de adaptación de cada persona.
Como orientación general, si no estás acostumbrado, empezar con unos 10 o 15 minutos suele ser más que suficiente.
Si todo va bien, puedes aumentar progresivamente el tiempo durante los días siguientes.
No hay ninguna ventaja demostrada por caminar dos horas el primer día.
En cambio, sí aumenta bastante el riesgo de sobrecargar tejidos que no estaban preparados.
En fisioterapia solemos decir que la dosis importa tanto como el ejercicio.
Y caminar descalzo también tiene una dosis adecuada.
Si quieres empezar a caminar descalzo por la playa, lo más recomendable es hacerlo de forma progresiva y escuchar cómo responden tus pies durante los primeros días.


