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lunes, 12 de julio de 2021

 

MITOS SOBRE LA VACUNACIÓN



           Cuando se trata del cuidado de la salud, en particular  de la vacunación, muchas personas cuentan con información imprecisa o falsa que podría ponerla en riesgo. Esta información se trasmite de persona a persona y da lugar a creencias muy arraigadas que resultan difíciles de eliminar, aun cuando existen evidencias  que   las desacreditan totalmente. Lo más recomendable es acudir a fuentes fiables en busca de información que cuente con el respaldo científico y que permita recibir la atención adecuada.

La Organización Mundial de la Salud ha elaborado un documento desmontando los mitos más   frecuentes   ya arraigados.

Mito 1:  Las mejores condiciones de higiene y saneamiento harán desaparecer las enfermedades; las vacunas no son necesarias. FALSO

Hecho 1: Las enfermedades contra las que nos podemos vacunar volverían a aparecer si se  interrumpieran   los programas de vacunación. Si bien, la mejor higiene, el lavado de manos y el agua potable contribuyen a proteger a las personas contra las enfermedades infecciosas, muchas infecciones pueden propagarse con independencia de la higiene que tengamos. Si las personas no estuvieran vacunadas, algunas enfermedades que se han  vuelto  poco comunes, como la poliomielitis o el sarampión, reaparecerían rápidamente.

Mito 2:  Las vacunas conllevan algunos efectos nocivos y a largo plazo  que  aún  no  se conocen. Más aún, la vacunación puede ser mortal. FALSO

Hecho 2: Las vacunas son muy seguras. La mayoría de las reacciones por vacunas son leves y temporales. Los trastornos de salud graves, que son sumamente raros, son objeto de seguimiento e investigación detenidos. Es más probable padecer un trastorno grave por una enfermedad prevenible  mediante  vacunación  que  por una vacuna.  Aunque un solo caso de trastorno  grave o  defunción por  vacunas  ya es  demasiado,  los  beneficios compensan con creces el riesgo, dado que sin las vacunas se producirían muchos trastornos y defunciones.

Mito 3:  La vacuna combinada contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, así como la vacuna antipoliomielitis, pueden provocar el síndrome de muerte súbita del lactante. FALSO

Hecho 3: No existe una relación causal entre la administración de las vacunas y la muerte súbita  del lactante,  a pesar de que se administran en un periodo en el que el recién nacido puede sufrir muerte súbita. En otras palabras, las defunciones por muerte  súbita  del  lactante  son  casualmente  coincidentes  con la vacunación   y hubieran ocurrido, aunque no se hubieses administrado vacunas.

Mito 4: Las enfermedades prevenibles mediante vacunación están casi erradicadas en mi país, por lo tanto, no hay motivos para que me vacune. FALSO

Hecho 4: Si bien las enfermedades prevenibles mediante vacunación son actualmente poco comunes en muchos países, los agentes infecciosos que las producen siguen circulando en algunas partes del mundo, y en un mundo tan interconectado esos agentes pueden atravesar las fronteras geográficas e infectar a  cualquier  persona  no protegida. Por consiguiente, hay dos motivos fundamentales para vacunarse: protegernos a nosotros mismos y proteger a quienes nos rodean.

Mito 5:  Las enfermedades de la infancia prevenibles mediante vacunación son algo inevitable en la vida. FALSO

 Hecho 5: Las enfermedades prevenibles mediante vacunación no tienen por qué ser algo inevitable en la vida. Enfermedades  como el sarampión,  la parotiditis  y la  rubéola  son graves  y  pueden  acarrear   importantes complicaciones,  tanto en niños como en adultos. Todas estas enfermedades y sufrimientos pueden prevenirse mediante las vacunas. Los niños no vacunados contra estas enfermedades quedan innecesariamente vulnerables.

Mito 6: La administración simultanea de más de una vacuna puede aumentar en los niños el riesgo de efectos secundarios nocivos, que a su vez pueden sobrecargar su sistema inmunitario. FALSO

Hecho 6: Las pruebas científicas revelan que la administración simultanea de varias vacunas no conllevan ningún efecto secundario sobre su sistema inmunitario. Los niños están expuestos cotidianamente a cientos de sustancias extrañas que desencadenan  una  respuesta  inmunitaria.  El  simple hecho de ingerir alimentos introduce nuevos antígenos en el organismo y numerosas bacterias viven en la boca y la nariz. Un niño está expuesto a muchísimos más antígenos como consecuencia de un resfriado común o una faringitis que por las vacunas.

Las  principales ventajas de la  administración simultánea de vacunas  son  que  se  requieren  menos   consultas ambulatorias, lo que permite ahorrar tiempo y dinero, y aumentan las probabilidades de que los niños completen el calendario  de vacunación recomendado. Además,  la posibilidad  de recibir  una vacunación  combinada,   por ejemplo contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, supone menos inyecciones.

Mito 7: La gripe es solo una molestia y la vacuna no es muy eficaz. FALSO

Hecho 7: La gripe es mucho más que  una molestia.  Es  una  enfermedad  grave  que cada año provoca entre 300.000   y 500.000 defunciones en todo el mundo.  Las  embarazadas,  los  niños  pequeños,  ancianos  con problemas de salud y cualquiera que tenga un trastorno crónico, por ejemplo, asma o una cardiopatía, corren un alto riesgo de infección grave y de muerte. La vacunación de las embarazadas  conlleva el beneficio adicional de proteger a sus recién nacidos (actualmente no existe una vacuna para menores de 6 meses).

Mito 8:  Es mejor la inmunización por la enfermedad que por las vacunas. FALSO

Hecho 8:   Las vacunas  interactúan  con  el sistema inmunitario  para producir  una respuesta similar  a  la  que provocaría la infección natural, pero no causan la enfermedad ni exponen a la persona inmunizada a riesgos de posibles complicaciones. En cambio, el precio de la inmunización por  infección  natural  podría  ser  el retraso  mental provocado por la Haemophilus influenza tipo b, defectos congénitos debidos  a  la  rubeola,  cáncer de hígado derivados del virus de la  hepatitis B o muerte por sarampión.

Mito 9: Las vacunas contienen mercurio, que es peligroso. FALSO

Hecho 9: El tiomersal es un compuesto orgánico con mercurio que se añade a algunas vacunas como conservante. Es el conservante más ampliamente utilizado para las vacunas que se suministran en ampollas de dosis múltiples. No  hay  pruebas  científicas que sugieran que la cantidad de tiomersal utilizada en las vacunas entrañe un riesgo para la salud. En España, no se utiliza ninguna vacuna que contenga tiomersal.

Mito 10: Las vacunas causan autismo. FALSO

Hecho 10: Según se pudo determinar, el estudio de 1998 que suscitó inquietud acerca de un posible vínculo de la vacuna contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola con el autismo presentaba graves irregularidades, por lo que la publicación donde apareció lo retiró. Lamentablemente, su divulgación despertó temores  que llevaron a una disminución en las tasas de inmunización  y  a  subsiguientes brotes de esas enfermedades. No  existen  pruebas científicas de una relación entre dicha vacuna y el autismo o trastornos autistas.

    

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